Capítulo 1: Bienvenida, MIndfulness!

Capítulo 1

¡Bienvenida, Mindfulness!

 

 

«Pero ¿qué hombre interesa: el que piensa o el que piensa al que piensa? … Por encima de las condiciones reales en las que la vida se despliega, “sintiéndola y pensándola”, hay una capacidad que nos levanta hacia el nivel en donde se perciben esos momentos elementales y esenciales. El ser no es sólo sentir o pensar, sino sentir el sentimiento y pensar el pensamiento. El ser es, pues, superar la saturación que lleva consigo el pensamiento que se realiza con lo pensado. Pero esto es ya trascender las limitaciones que imponen los objetos y llegar a un dominio en el que el hombre alcanza su propia (y auténtica) libertad. Eso le permite contemplarse y elegirse, observarse y superarse.»

Emilio Lledó

 

 

Digámoslo ya de entrada: sea lo que sea el Mindfulness, no se trata de una nueva herramienta recientemente descubierta y validada por la ciencia psicológica occidental  y que se pueda comprar y consumir de forma apresurada, por muy bien empaquetada y comercializada que esté.

 

El Mindfulness no consiste en “vaciar la mente” o en “relajarse”, sino en vivir plenamente La Vida desde dentro, desde la plenitud silenciosa de la consciencia

Todo lo contrario: el Mindfulness es la propuesta de una forma de vivir de carácter universal  basada en una práctica laica de las enseñanzas budistas de 2.500 años de antigüedad. En ocasiones, lo más antiguo puede ser lo más moderno y estimulante.

 

Más allá de las simplificaciones que acostumbran a aparecen en los medios de comunicación, e incluso en las publicaciones académicas, la aplicación de la propuesta budista representada bajo el concepto de Mindfulness consiste en ir experimentando la realidad de La Vida de forma ética y emocionalmente saludable: con plenitud de consciencia de todo lo que se manifiesta en el instante presente y viviéndolo de forma amable y liberadora de sufrimiento («compasiva») hacia uno mismo y hacia los demás. Un “Mindfulness” que no se asocie al despertar del amor compasivo no es más que una técnica de relajación y focalización de la atención.

 

Lo opuesto a una vida mindful (consciente o despierta) es una vida «zombi» (automática o dormida)

 

En este sentido, Mindfulness es una posibilidad de viajar desde dentro, con sabiduría y compasión, a través del territorio maravilloso de La Vida, con sus sufrimientos y sus alegrías. Y el silencio meditativo o conexión con nuestra esencia pacífica y amorosa es el principal vehículo para este viaje de aventura desde el interior.

 

También podríamos decir que se trata de una manera consciente de aumentar la intensidad de nuestro asombro, de nuestro agradecimiento y de nuestro compromiso de felicidad propia y ajena en nuestro viaje por la maravilla de La Vida en busca de pleno sentido y felicidad.

 

Si no se acompañan de un despligue del valor transformador del amor compasivo, muchas de las propuestas de Mindfulness corren el riesgo de quedar en una técnica eficaz de reducción de estrés para aumentar el bienestar y el rendimiento, pero dentro de un marco de «más de lo mismo».

 

Sati es una palabra india de la lengua pali que significa «consciencia despierta, claridad de mente-corazón o atención cuidadosa aquí y ahora» (véase figura 1) y pudo traducida como Mindfulness a mediados del sigo pasado por un profesor británico de budismo zen llamado John Garrie. En sánscrito es smrti, que significa «tradición recordada».

 

El budismo se puede considerar desde dos vertientes: como una religión no teísta (que no hace referencia a un Dios creador y omnipotente) y como una filosofía y un método de desarrollo personal para el cese del sufrimiento y el alcance de la felicidad, de carácter universal y no sectario, que cualquiera puede explorar y aplicar.

       Como método de desarrollo personal hacia la plenitud vital y la auténtica felicidad, la práctica budista se basa en la vivencia de la meditación (el cultivo del ser benevolente (metta-bahvana, en sánscrito) para liberarse de la mente automatizada, aliviar el sufrimiento emocional (dukka) y despertar nuestros mejores valores humanos en busca del sentido y  la dicha de vivir.

 

 

 

Figura 1: Representación ideográfica de Mindfulness: el círculo exterior significa «universo y vacío», el carácter superior dentro del círculo significa «ahora» y el inferior «mente-corazón».

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Debo reconocer que la primer vez que oí hablar de “Mindfulness”, que fue por parte de uno de sus primeros introductores en España, sentí un rechazo visceral hacia esta idea, probablemente porque me pareció que se estaba promocionando con una sorprendente  avidez comercial y con contenidos muy superficiales y encorsetados, sin conexión alguna con auténticos valores transformadores de El Sistema. Y, en buena parte, parece que la cosa sigue igual.

Sin embargo, después de tener la oportunidad de empezar a conocer la versión genuina desde sus fuentes budistas originales, especialmente desde la tradición zen del monje vietnamita Thich Naht Hanh, que lleva décadas animando el «despertar de la plena consciencia» o Mindfulness, mi visión del concepto cambió de forma radical.

 

¿Es posible que lleguemos a poder vivir décadas enteras de nuestra vida sin darnos plena cuenta, aunque sea por un solo instante, de la enorme maravilla que es el hecho de estar vivos?

 

Tuve la fortuna de conocer a Thich durante un curso dirigido a un grupo de educadores en la Universidad de Barcelona bajo un lema insólitamente avanzado: «Los educadores felices cambiarán el mundo». Siempre recordaré su Presencia y sus sabias palabras invitándonos a dar la bienvenida desde lo más profundo de nuestro “hogar” o «isla interior» a valores tales como la reverencia hacia la vida, el verdadero amor, la solidez o estabilidad emocional, la libertad de fluir, la felicidad incondicional, el consumo consciente o, «simplemente», la alegría interior derivada de inspirar de forma consciente y darnos cuenta de que estamos vivos.

 

Para el maestro zen, Mindfulness o plena consciencia es, «simplemente», la energía derivada de estar plenamente despierto a lo que está sucediendo en nuestro interior y a nuestro alrededor en cada momento presente.[1] Y propone la práctica de cinco «entrenamientos» necesarios para activar la Plena Consciencia basados en una síntesis de las enseñanzas budistas sobre «Las Cuatro Nobles Verdades» y «El Óctuple Sendero». Constituyen una propuesta de valores re-evolucionariamente transformadora del  Sistema en que vivimos:

 

1.     Reverencia hacia la vida.

2.     Verdadera felicidad.

3.     Verdadero amor.

4.     Habla amorosa y escucha profunda.

5.     Consumo consciente

 

* * *

 

El sufrimiento derivado de la activación crónica de emociones negativas (envidia, rabia, temor, etc.) siempre ha estado presente entre los seres humanos, pero son muchas las razones por las que en épocas anteriores pudiera haber menos estrés o sobreesfuerzo adaptativo crónico:

 

·      Los roles sociales estaban mejor definidos y aceptados, disminuyendo así los conflictos interpersonales, independientemente de que dichos roles fueran justos o no.

·      Existía una resignación ante el destino, lo que disminuía la ambición de ascenso social.

·      Se vivía en entornos rurales, en contacto con los ritmos y los poderes de la naturaleza, que genera mucha más humildad y serenidad.

·      El trabajo exigía un esfuerzo corporal mayor, lo que era más penoso pero mejoraba la forma física.

·      Los trabajos en el campo o artesanales ofrecían un mayor sentido de propiedad al tener el control sobre un proceso completo y lógico.

·      Los desplazamientos de la casa al trabajo eran mucho más naturales y fáciles.

·      Se era más dueño del propio tiempo.

 

Un acrónimo comúnmente utilizado para explicar el estado cambiante del mundo actual es VUCA: Volátil, Incierto (Uncertain), Complejo y Ambiguo.

 

Es el ego amenazado el que se estresa, el propio Ser permanece siempre estable. Cuanto menos apego mental a la apariencia y el estatus , menos sufrimiento emocional.

 

De hecho, el ser humano ha permanecido más de tres millones de años en las cavernas y en la selva, los diez mil años siguientes en el campo y únicamente unos trescientos años en la compleja sociedad urbana actual. Aún no hemos tenido tiempo de adaptarnos de manera saludable a las condiciones que nosotros mismos hemos creado.

 

La incidencia creciente del fenómeno del estrés o sobreesfuerzo adaptativo crónico explica que sean cada vez más conocidos y aceptados programas como el MBSR (Mindfulness-Based Stress Reduction) propuesto por Jon Kabat-Zinn,[2] que define Mindfulness como «una forma especial de prestar plena atención al momento presente, de forma intencionada y sin elaborar ningún juicio previo».

El programa MBSR, de 30 horas a lo largo de 8 semanas de duración, propone una serie de herramientas de meditación y otros ejercicios prácticos destinados a mejorar el bienestar emocional, el autocontrol de pensamientos negativos, la comunicación interpersonal y la gestión del tiempo. Pero una de sus aportaciones más interesantes es la propuesta de distinción entre vivir desde el «Yo Narrativo» o desde el «Yo Experiencial», que podemos ver gráficamente en la figura 2, en la que planteo una versión del Triángulo Mindfulness, ligeramente modificada del original.

 

 

 

Figura 2: Representación de la experiencia vital desde el modo «estar» (narraciones mentales) y desde el modo «ser» (experiencia consciente de la existencia de pensamientos, sensaciones/percepciones y emociones).

 

Cuando vivimos desde el Yo Narrativo o «modo estar» (también llamado «modo acción») nuestra conducta depende de los juicios constantes y de los relatos mentales de bueno/malo y sobre nuestros agobios y preocupaciones sobre el pasado y sobre el futuro.

Pero si aumentamos la atención a lo que verdaderamente está ocurriendo en el momento presente, no sólo podemos ser observadores conscientes de nuestros pensamientos, sino también de las sensaciones corporales, de la respiración o de los sonidos que nos rodean, así como de nuestros estados emocionales en el momento presente (alegría, tristeza, ira, miedo o placidez).

 

Al vivir desde el Ser más que desde el hacer, desde la Plena Consciencia, algo tan sencillo como comer una naranja nos conecta con el sol, la lluvia, la tierra y las personas que han hecho posible que llegara hasta nuestra boca y podamos disfrutar de su sabor, olor, textura y frescor.

La vivencia desde el Yo Experiencial (modo «ser») nos libera de automatismos mentales y nos permite ser más conscientes de todo lo que verdaderamente ocurre en nosotros mismos y en lo que nos rodea, aumentando la capacidad de percepción de la realidad y la libertad de poder decidir sobre nuestra felicidad y bienestar.

 

Esta actitud se puede resumir en el lema vital: «ser para hacer y no tanto hacer para ser». Como iremos viendo, la antigua meditación budista consiste precisamente en el cultivo del ser o, lo que es lo mismo, en el cultivo de la Presencia, palabra que aparecerá siempre en mayúsculas para reconocer y resaltar su importancia.

Cada día aumenta el número de trabajos científicos que, a partir de las aportaciones iniciales   de Jon Kabat-Zinn, demuestran la validez de la práctica del Mindfulness para la reducción del estrés, la promoción de la salud, la creatividad, el liderazgo y la efectividad de las organizaciones humanas, todas las cuales son dimensiones estrechamente relacionadas.[3], [4]

            Resultan sorprendentes los hallazgos neuroradiológicos que las personas practicantes de meditación presentan un aumento de conexiones neuronales en determinadas regiones de la corteza cerebral  y de áreas relacionadas con el aprendizaje y la memoria como el hipocampo,

Estar “ciego de ira” o “fuera de sí” es característico de las situaciones de estrés asociadas a frustración y hostilidad en las que se activa la amígdala cerebral, y es el patrón opuesto al de absorción meditativa y ensimismamiento.

así como una disminución de la activación de la amígdala, un núcleo de neuronas de El Sistema límbico relacionado con las respuestas de estrés de “lucha-huida”.

 

Entre los efectos demostrados de los programas de meditación MBSR están sus beneficios sobre los trastornos afectivos (ansiedad, depresión), los trastornos alimentarios, el Alzheimer, la hipertensión arterial, el trastorno de atención, la prevención secundaria de la cardiopatía isquémica, la fibromialgia, el dolor crónico y las adicciones.[5]

También está cada vez más difundido el programa de Mindfulness e inteligencia emocional Search Inside Yourself (SIY), desarrollado en Google por uno de sus primeros ingenieros, Chade-Meng Tan, «Meng», con la colaboración de Daniel Goleman, el padre del concepto de inteligencia emocional. Este programa de dos jornada intensivas está sagazmente pensado para aumentar la productividad, la creatividad y la felicidad, y su meta final, por insólito que parezca a primera vista, es «contribuir a la paz mundial».[6]

En definitiva, las intervenciones basadas en el Mindfulness pueden tener dos enfoques complementarios: la reducción del estrés y el despertar de la Inteligencia de Valores en todos los ámbitos de la sociedad, desde la familia hasta la empresa, pasando por la escuela y todo tipo de organizaciones.

La Inteligencia de Valores basada la Plena Consciencia se puede definir como la libertad interior de elegir y aplicar en el momento presente, aquí y ahora, los valores más convenientes para nuestra felicidad personal y colectiva, que están mucho más relacionados de lo que parece a primera vista. Quizá por eso se observan en la actualidad tantas caras agobiadas y tristes, incluso entre poseedores de grandes fortunas y comunidades materiales, que no tienen la libertad interior de elegir los valores más adecuados para su auténtica felicidad.

 

* * *

 

«Sed felices sin motivo», nos despidió amablemente el monje Karma Tempa a la puerta del Dag Shang Kayu, tras realizar un retiro en lo más parecido a un monasterio budista del Himalaya que se puede encontrar en la península Ibérica en el Pirineo de Huesca.

Durante las enseñanzas recibidas quedó claro que poseer el gran valor de la felicidad es una decisión que reside en nuestro interior, «en la espaciosidad silenciosa de la mente no condicionada», y que desde ese estado de Presencia surgen nuestros «valores inconmensurables de amor, de compasión, de ecuanimidad y de alegría». Y aún quedó más claro que, aunque podamos vislumbrar en nuestra mente que somos libres de elegir ser felices a través de dichos valores, falta un largo camino por recorrer hasta que este descubrimiento anide de verdad en nuestra mente-corazón y seamos capaces de experimentar un estado de dicha estable y condicionado, es decir, «sin motivo».

 

* * *

 

Los habitantes de este pequeño planeta que no se cansa de viajar alrededor del sol hemos tenido la inteligencia de inventar cosas tan fantásticas como Internet, colocar un muellecito en una arteria coronaria para tratar un infarto o conectarnos por teléfono móvil, pero para la gestión de nuestros miedos y de los valores relacionados con el autogobierno y la plena salud psicológica y social, seguimos navegando a la deriva, tremendamente desconectados y ausentes de nosotros mismos, de los demás y de la naturaleza.

La liberta humana de «contemplarse y elegirse, de observarse y superarse» de la que nos hablaba el filósofo Emilio Lledó en la cita inicial es lo que en psicología humanista y en coaching se identifica como desarrollo personal y que aquí planteo como Inteligencia de Valores.

* * *

 

Hace tiempo que observo que las declaraciones de valores de empresa que ayudo a elaborar en mis trabajos de consultoría de Dirección por Valores tienen muchas probabilidades de quedar en palabras sin que, salvo honrosas excepciones, lleguen a ponerse verdaderamente en práctica.

Existen dos explicaciones posibles de esta falta de coherencia entre los valores y la acción: por un lado, la falta de metodologías y presupuestos para su puesta en práctica y, por el otro, la posible existencia de un error de partida consistente en que las declaraciones de valores se establecen de una forma muy superficial y apresurada, sin que surjan del fondo de la consciencia de todas las personas implicadas, empezando por los propietarios y siguiendo por los directivos, por los asesores y por el resto de integrantes de la organización.

De hecho, observamos todos los días fenómenos similares de incoherencia de valores declarados y valores en acción de los discursos de líderes de todo tipo y de todos los ámbitos sociales, y, sin ir más lejos, en nuestras propias declaraciones de valores. Para evitar estas incoherencia ha llegado el momento de aplicar programas de meditación Mindfulness, autoliderazgo y liderazgo por valores no sólo en la formación de los directivos empresariales, sino también en el sistema educativo, en el sistema político y en todos los sistemas sociales.

No obstante, el etnocentrismo, el materialismo y la arrogancia científico-religiosa de la cultura predominante en el «Sistema Occidental» es fuente de grandes prejuicios y temores con respecto a los conocimientos contemplativos proveniente de Oriente –e incluso frente a la filosofía y mística occidentales– sobre la mente del ser humano, sus valores esenciales y su auténtica felicidad, y tiende a menospreciarlos y ridiculizarlos como chamanismo o esoterismo filosófico. Así, hablar de consciencia, meditación, amor, valores del ser o Presencia en los contextos empresariales, políticos, académicos o educativos más convenciones, tecnócratas y racionalistas que sustentan dicho sistema es una aventura arriesgada, por más que la gran crisis económica y emocional actual sea, precisamente, una crisis de consciencia y de valores. Por eso el uso del término Mindfulness puede resultar mucho más oportuno y respetable, dada sus connotaciones técnicas y científicamente contrastadas.

Así pues, ¡ Bienvenida, Mindfulness! ¡ Bienvenida, Presencia!

 



[1] Thich Nath Hanh, 2007. El milagro del Mindfulness. Oniro. Felicidad…

[2] Kabat-Zinn, J., 2009. Mindfulness en la vida cotidiana: claves de la atención plena. Paidós Ibérica; Ibídem, 2013. Mindfulness para principiantes. Kairós; Stahl, B. y Goldstein, E., 2010. Mindfulness para reducir el estrés. Kairós.  Kabat-Zimm, J. 2016. Vivir con plenitud las crisis Barcelona: Kairós. 

[3] Yang, Y. y Ponser, M.I., 2013. Special issue on Mindfulness neuroscience, en Social Cognitive and Affective Neuroscience, 8 (1), 13.

[4] Weick, K. E. & Sutcliffe, K. M. (2006). Mindfulness and the Quality of Organizational Attention. Organization Science,17(4), 514 – 524.

[5] Grossman, P., Niemann, L., Schmidt, S. y Walach, H., 2004. Minfulness-based stress reductions and health benefits, A meta-analysis, en Journal of Psychosomatic Research, 57, 35-43.

[6] Chade-Meng Tan, 2012. Busca en tu interior. Zenith/Planeta.

 

Fotografía: Albert Giralt (www.duarja.com) - Ver fotos a pantalla completa
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