Prólogo de Karma Tempa

PRÓLOGO

 

Como seres humanos tenemos la extraordinaria posibilidad de cultivarnos emocional, intelectual y éticamente para decidir qué aspectos de nuestra personalidad queremos abandonar y cuáles no solo queremos conservar sino fortalecer, con el fin de estar en sintonía con los valores humanos a salvo de cuestiones culturales o temporales. Este cultivo nos dirige a no dañar, a incentivar el bienestar tanto propio como el de los demás y a usar cuidadosa y racionalmente los recursos naturales.

Habitualmente, la suma de las distracciones propias de una mente agitada por las demandas diarias nos condicionan y dominan, reduciendo considerablemente el potencial para tomar decisiones acertadas para el beneficio propio y el comunitario.

Para revertir estas agitaciones es esencial que eduquemos y entrenemos a nuestra mente con una práctica constante en Mindfulness y valores, entre otras posibilidades, poniendo en marcha recursos inherentes gracias a nuestra neuroplasticidad; por ejemplo, para desarrollar sentimientos y habilidades que encaucen esta noble intención, volviéndola fuerte; así nuestro corazón se llenará de confianza y sabiduría.

Prestar atención a nuestras actividades físicas y a nuestros lenguajes, tanto corporal como hablado y, sobre todo, a lo que almacena, piensa y resuelve nuestra mente, promueve la expresión de los valores que asumimos, ayudándonos a apreciar y rebajar las expectativas desmedidas hacia uno mismo y hacia los demás.

El individualismo, preconizado en nuestra sociedad, aparentemente exitoso, nos separa de nosotros mismos, nos destierra a la periferia de nuestro corazón, reforzando el sentimiento de carencia y dependencia, fomentando la comparación y la competencia.

Resulta esencial entonces, aprender a cultivar la atención asumiendo lo corriente y mundano, al mismo tiempo que los valores que están más allá de los conflictos, con el fin de cultivar una gestión emocional que repercuta en todos los ámbitos.

El presente trabajo de mi querido amigo Salvador nos permite explorar ejercitar la consciencia despierta en esos valores, ambas actitudes imprescindibles para todo avance personal que capacite, además, para una honesta transmisión. Algo no habitual en esta época donde casi todo se convierte en un objeto de consumo y la proliferación de «expertos» lleva el ritmo de una línea de producción.

Que disfrutéis de este libro tanto como yo disfruto de la amistad y entusiasmo vital de Salvador.

 

Karma Tempa, monje budista

 

Fotografía: Albert Giralt (www.duarja.com) - Ver fotos a pantalla completa
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