Necesitamos Inteligencia de Valores

Nos faltan valores para nuestro plena salud personal, organizativa y social.

Tal como define la OMS,  nuestra plena salud  es el resultado de un equilibrio entre tres dimensiones relacionadas: la biológica, la psicológica y la social. Así, la falta de circulación en una arteria coronaria,  el agotamiento vital y el materialismo  urbano competitivo son fenómenos cuya conexión está  médicamente demostrada .

Este enfoque “biopsicosocial” orientó mi trabajo como médico durante más de quince años, llegando a realizar una Tesis Doctoral sobre estrés, cardiopatía isquémica  y percepción de control en el Hospital de Sant Pau de Barcelona.  Hasta que, durante una estancia de formación de postgrado en la Universidad de Harvard,  empecé a comprender y conectar que por debajo de todos estos fenómenos que tanto me interesaban estaba el tema de la consciencia y de los valores. Fue un descubrimiento que ha orientado toda mi vida profesional y personal, con grandes  errores y grandes aprendizajes incluidos.

De hecho, ya en 1976 , en el X Congrés de Metges i Biòlegs en Llengua Catalana se definió la salud como “la manera de vivir autónoma, solidaria y dichosa”. Autonomía, solidaridad y dicha son grandes valores o guías de autogobierno.  Así, la falta de soberanía personal o libertad interior, la codicia legitimada por el sistema y la  falta de auténtica alegría definen a una persona, unas organizaciones  y una sociedad carentes de plena salud, e incluso gravemente enfermas en muchos casos.

Vivimos una época a la vez dura y fascinante. Estamos en un  estado de transición desde el hacer para llegar a ser (a costa de lo que sea) al Ser para hacer, desde las organizaciones de trabajo verticales a las organizaciones horizontales y co-creativas, desde la sociedad capitalista convencional (con todas sus ventajas y carencias) a otro tipo de sociedad más humana, basada en  el depliegue personal y colectivo de una mayor inteligencia de valores éticos, pragmáticos y emocionales que, de momento, podemos llamar, simplemente, “postmaterialista”.

Necesitamos Inteligencia de Valores para saber vivir, trabajar y compartir

Mi propia definición de salud biopsicosocial propia de una sociedad “postmaterialista”: el equilibrio mutuo entre saber vivir, saber trabajar y saber compartir. Quien sabe trabajar pero no sabe vivir ni compartir es un laboradicto, que acumula grandes riesgos de enfermar por estrés. Quien sabe vivir pero no sabe trabajar ni compartir es un vividor socialmente inútil. ¿Y cómo vamos a saber ni poder compartir si no sabemos trabajar ni vivir?.

Al hablar de valores casi siempre se hace referencia a los valores éticos, tales como la autenticidad, la dignidad o el amor a uno mismo y a los demás. Esta  Inteligencia Ética es crucial no sólo para nuestra plena salud sino  para nuestra supervivencia y desarrollo  como especie humana. Sin embargo, esta supervivencia y desarrollo también  se han de articular con otros dos ejes de valores igualmente necesarios: los pragmáticos y los “poiéticos”.  Nuestra Inteligencia Pragmática despierta  nos permite elegir valores tan necesarios como la simplicidad, el esfuerzo o la coherencia de acción, mientras que nuestra Inteligencia Poiética nos permite elegir valores emocionales tan genrativos como la alegría la imaginación o la confianza en nosotros mismos y en los demás. Estos tres ejes complementarios  configuran lo que llamo “Modelo Triaxial de Valores” y que otros autores también lo están haciendo

Necesitamos valores como  guías  de autogobierno y liderazgo. Necesitamos imaginación para saber vivir. Necesitamos generosidad para saber compartir. Y también necesitamos simplicidad y coherencia de acción para saber  trabajar.

 

 

 

Fotografía: Albert Giralt (www.duarja.com) - Ver fotos a pantalla completa
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